El claro de la Luna:
Hoy tengo el
placer de contarles una historia del arquero cazador que creyó darle a la luna
con una de sus flechas.
Aquella
noche el joven cazador Diego estaba en los bosques de Leär´az buscando alguna
presa para poder volver a casa con algo que comer. Diego estaba atento a todo
su entorno, siempre solía salir de noche a cazar, y había alcanzado una gran
concentración y puntería a la hora de disparar, tenía una gran capacidad para
sentir a otros seres a su alrededor.
El aire
estaba fresco, y fluía suavemente rozando cada centímetro del bosque, el cuelo
estaba despejado, y se alzaba alta la luna llena, se veía brillante y enorme,
de belleza igualable a los dioses.
Apareció un
águila sobrevolando los arboles que estaban al lado del cazador. Diego se giro
de repente y alzo la vista al cielo con el arco preparado para matar, pero
apenas le dio tiempo a ver la sombra de aquella águila real, que a tan gran
velocidad volaba.
Diego espero
pacientemente, preparado con el arco alzado por si volviera a pasar el ave,
pero para su decepción no ocurrió así. El cazador siguió caminando en busca de
algún otro animal al que poder dar caza. Al llegar a un claro, Diego se
pregunto dónde estaba, no se había fijado por donde había avanzado sus últimos
pasos. Se adentro un poco más en el claro y vio que era inmenso, no recordaba
haber estado allí nunca antes, y eso que solía ir siempre a esa zona a cazar.
Observó un lago bastante grande en el centro del claro, donde se reflejaba la
luna. Entonces a Diego le vinieron a la cabeza aquellas viejas historias que
alguna vez había oído contar sobre el lugar maldito en Leär´az,... el claro de
la luna.
El joven
arquero empezó a creer que quizá las leyendas fuera ciertas y se encontrara en
dicho sitio, porque era un lugar que no aparecía en los mapas, y según lo
describían se parecía mucho al lugar donde se encontraba.
De un
arbusto a los pies de Diego, salió corriendo asustado un conejo blanco, el
joven no tardo ni tres segundos en sacar una flecha del carcaj y ponerla en el
arco. La flecha salió silbando y unos segundos después se clavó en el cuerpo de
la pequeña criatura. Justo en ese momento se oyó un aullido lejano de algún
lobo, fue un aullido intenso, firme y a la vez lejano y dolorido.
Al buscar de
que dirección podía venir el aullido vio al águila en el aire, rápidamente
disparó otra flecha sin ni siquiera pensar lo que hacía. Cuando vio como la
flecha impactaba contra aquella ave, justamente detrás se encontraba la luna,
que le daba a esa águila real una belleza inimaginable, y al joven Diego le dio
un vuelco al corazón al darse cuenta de lo que acababa de hacer.
El águila
cayó lentamente sobre la superficie del lago. Se levanto un aire que arremetió
contra todo a su paso e hizo caer de rodillas a Diego, cuando al fin disminuyó
el vendaval, se levanto y lo primero que hizo fue mirar al lado, que estaba
lleno de sangre, pero no estaba el águila por ningún lado, esa sangre parecía
surgir del reflejo de la luna. Pero el cielo estaba nublado entero, y aun así,
Diego era capaz de ver el reflejo de la luna ensangrentado con total claridad.
Parecía encerada en aquel lago. El cazador llego a pensar que quizás nunca dio al águila, que su flecha
falló, y se clavo en la luna que se situaba detrás, y esta herida, decidió
esconderse en el lago mágico del claro de la luna, mientras sanaba sus heridas,
y el cielo lloraba su ausencia.
Y allí se
quedo el joven, llorando bajo la lluvia, mientras de todo corazón pedía perdón
al cielo, por haberle arrebatado lo más bonito que tenía. La luna dio una
segunda oportunidad a aquel joven, a cambio debería de cuidar del Claro de la
Luna, protegiéndolo eternamente, y ella le ofreció todo lo que siempre quiso,
todo lo que siempre amó.
Si os preguntáis
quien demonios soy yo, y por qué cuento estas historias, tan solo diré que mi
nombre es Diego y aquel joven y tonto cazador era yo.
Cuento esto
como las memorias del momento que cambio mi vida.
Y cuando
alguien lea esto puede que este anciano cuerpo que ahora tengo este muerto.
Pero no os preocupéis por mí. La luna permitirá que mi espíritu forme parte de
ella, fusionándonos en uno para siempre, y así juntos protegeremos el Claro de
la Luna.
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