martes, 17 de enero de 2012

Preceptor.


Preceptor

Tan solo han pasado trece días desde la salida del preceptor al mercado, y ya una gran mayoría de la población ha caído en la tentación de incorporárselo. Se está planeando obligar, a todo el mundo a emplearlo, aquellos que lo usan, se convierten en preceptores, dejando prácticamente de ser humanas. Los preceptores, no necesitan oxigeno para respirar, ni comida para alimentarse, su sangre es muy fría, y son sus propios organismos los que producen los alimentos que los nutren.
Los que decidimos no implantárnoslo, fuimos degradados al escalón más bajo de la sociedad. Los preceptores más radicales, se dedicaban a acosar a los que aun éramos humanos normales, e incluso, raptaban a algunos de los nuestros y les inyectaban el preceptor.
La raza humana se había expandido demasiado, y el trato que ejercían al mundo era bastante nefasto. Las armas habían cambiado mucho, ahora, eran mucho más devastadoras y la contaminación producida era impresionante. Muchas razas animales se habían extinguido y bosques enteros y montañas habían desaparecido.
La población mundial sobrepasaba los dieciséis mil millones de personas, y de los cuales solo unos trescientos mil estábamos en contra del preceptor. Nosotros, los que aun éramos humanos decidimos reunirnos y refugiarnos, en los pocos lugares naturales que aun quedaban sobre la tierra. Nuestras gentes enfermaban continuamente y nuestras medicinas escaseaban. Un mes había pasado desde la expansión de los preceptores, no se sabía muy bien quien lo había creado, pero debíamos defendernos.  Fui nombrado para el consejo de sabios, cuyo líder era Keitor, un hombre bastante mayor, y que tenía una gran dificultad a la hora de andar. El 28 de septiembre de ese año, Keitor, convocó la mayor macro reunión de gente aun humana.
–Elion– me dijo un día Keitor –quiero que seas tú quien continúe con mi labor de mantener con vida a los humanos y al propio planeta.
– ¿A qué viene esto? Nadie podría ocupar tu puesto. Eres una buena persona, y solo tú puedes tener el puesto de líder.
–No soy tan bueno como crees joven.
Elion estuvo pensando las palabras de Keitor durante toda la noche.
Llegada la hora concertada para la macro reunión se presentaron miles de personas.
–Muchas gracias a todos por asistir a esta reunión.  –empezó Keitor su discurso –en primer lugar quiero decirles que me retiro del puesto de gran sabio, cediéndoselo al joven Elion. – estallaron muchas exclamaciones. –y en segundo lugar, venía a hablar del preceptor, que tanto se ha expandido entre las gentes ambiciosas. Este producto como todos sabréis, es un líquido que se inyecta en los humanos, y esto les da múltiples capacidades que en un principio tan buenas parecen. Pero la verdad es que este líquido, este producto, actúa principalmente en el cerebro, que es donde en mayor parte se establece. Y es lo que da las capacidades que da. Este líquido lleva en él un producto químico, que por sí solo no es dañino, pero que al activado un dispositivo que haga reaccionar a ese producto químico, freirá el cerebro de todos aquellos que se lo hayan inyectado. Si os preguntáis, como así se tanto sobre los preceptores, es porque yo lo he creado. –sacó una de las jeringuillas que contenía el preceptor y se la inyectó.
– ¡Qué demonios! –exclamé.
–Toma Elion –me dio un sobre –esto es para ti. Hoy acabare con la misión que empecé tiempo atrás. Ha sido un placer haber formado parte de esta comunidad con todos vosotros.
Sacó del bolso un dispositivo en cuyo centro había un botón rojo, lo pulsó y en unos segundos cayó inerte en el suelo.
A los pocos días supimos, que todos los preceptores habían muerto. Era la hora del nuevo renacer de los humanos.


Lo que me entregó en la carta Keitor es un secreto, que jamás antes he contado ni pienso contar a nadie,… o al menos de momento.

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