lunes, 30 de enero de 2012

Eres mi pequeña tu.

Borrador.

"Noto el pinchazo de una pequeña rama sobre mi espalda, pero no me muevo para evitarlo, ni me quejo, no quiero que el momento pierda emoción, tu y yo sentados contra el gran olivero. El único árbol en dos kilómetros a la redonda durante los cuales solo hay praderas, praderas en flor a causa de la primavera. Las mariposas disfrutan de su efímera vida, revoloteando y dando colores al viento. Y este a su vez, mece la hierva verde al son de un ritmo irregular. En el ambiente el olor a sal, que indica lo cerca que esta el mar, que asoma tras las muchas praderas, por allí donde sale el sol para dejar la oscura noche de lado. También se notan en el aire de alrededor el olor a la hierva húmeda y las flores que se abren para que el sol ilumine su belleza un día más, aunque no se dan cuenta, que su belleza no es nada comparada con la tuya.  Eres la mas linda flor que pueda crecer en la tierra, la más preciosa estrella que destaque en el cielo, la única luna capaz de iluminar mis noches, el sol mas brillante del universo, y la única persona capaz de mantener en pie mi pequeño mundo, ya que el noventa por ciento de mi de él, eres tu. Te acaricio el rostro mientras en tus labios se dibuja una leve sonrisa, aparto con cuidado un mechón travieso que jugueteaba al son del viento dejandose mecer por él. Mientras mi brazo derecho, rodeaba tu cuerpo, pasando junto a tu cuello y dejandolo apoyado en tu cintura para que pudieras reposar mas cómodamente tu cabeza sobre mi pecho.   Mis ojos estaban centrados en ti, tu respiración pausada, tus brazos acurrucados junto a mi cuerpo, tus enormes ojos como los de un gato mirando al horizonte, del color la la madera, marrones imponentes pero ala vez inocentes y juguetones, un color que por si solo no destaca, pero en ti... tu le ensalzas, le haces destacar sobre tu rostro moreno, como nunca nadie lo hubiera logrado, pero no solo son tus ojos los que enamoran, tu mirada es la que realmente te es espectacular, capaz de arropar en la más terrible de las tormentas y que tienen esa picardía tan propia de ti. Veo como tus manos se posan sobre mi brazo izquierdo desnudo, y tu me acaricias para evitar que el frío se pose en él, ya que la sudadera que antes llevaba puesta ahora reposaba sobre tus hombros. Tu mirada dejo de estar fija en el horizonte para mirarme, me pillaste desprevenido mirandote, y nuestros ojos cruzaron las miradas.  Sabéis esa sensación de querer que el mundo se petrifique, de sentir que quieres sentir esa sensación para siempre, de que no quieres separare ni un solo milímetro de la persona con la que estas abrazado... En ese momento viví esa sensación fuerte e intensa dentro de mi pecho, en lo mas profundo de mi ser. Aquella puesta de sol se presentaba como la más bonita que yo hubiera visto jamás, y no es que tuviera nada especial de por si sola, pero el hecho de estar junto a ti, ya la hacia inolvidable y única.  Mis labios esbozaron una sonrisa tonta que rápidamente corregí para no parecer tonto, pero mi reacción te debió hacer gracia y deleitaste mis oídos con el bonito sonido de tu risa que inundo el silencio que reinaba casi todo el rato, exceptuando los ratos donde los pájaro los revoloteaban alegres y danzantes por el aire piando y bailando entre ellos. Queriendo parecer indignado te saque la lengua como los niños pequeños cuando se enfadan, y me mordiste la le lengua y pusiste carita de niña inocente, dejandome anonadado por un instante.  Tu rostro se encontraba a solo unos centímetros del mío, y con una enorme sonrisa te acercaste hasta que nuestros labios se rozaron ligeramente, el corazón me palpitaba con tal fuerza que sentía que de un momento a otro se me saldría del pecho, aunque como es obvio esto no sucedió.  Dejandome llevar por la situación mis brazos que formaban un circulo alrededor de tu cuerpo, situado de medio lado sobre mi, te presionaron liberando te contra mi, el ligero roce de labios fue convirtiéndose en lo que recordare por siempre como mi primer beso a la chica mas bella del mundo, al menos de mi mundo. Pero ese beso solo fue el primero de los muchos que le sucedieron, besos suaves en los que nuestros labios disfrutaban del labios del otro. Rodeaste mi cuello con tu brazo izquierdo. Hubo momentos, en que nuestros labios estuvieron juntos durante minutos, sin querer separarse el uno del otro.  El sol ya se mostraba por completo por encima del horizonte pero ninguno de los dos nos habíamos dado cuenta, ya que en verdad,  estábamos entretenidos. Te separaste un poco de mi y cuando abrí los ojos lentamente, nuevamente vi tus enormes ojos mirandome, pero los cerraste de nuevo mientras te acercabas otra vez. -No sabes hasta que punto te quiero...- susurre antes de que sus labios su fusionaran una vez más- te amo como nadie te amará jamás...- seguí cuando me separe un momento de ti. Esa segunda frase te hizo separarte aun más de mi para mirarme a los ojos creo que querías saber si lo que decían mis palabras era lo que sentía mi corazón, y con le preguntaste a mis ojos, que según los antiguos, son el reflejo del alma. Recuerdo como te inclinaste sobre mi oído y susurraste. -Pues rezo por que siga siendo así por siempre pues mi corazón es tuyo, y jamás le podrá pertenecer a otra persona.  Si había alguna parte de mi, que no fuera tuya, me la robaste con esas palabras. Quise tomar iniciativa y te di un fuerte beso después note como empezaste a abrir la boca y yo te seguí. Al final convertimos aquel beso en un baile entre nuestras lenguas que jugueteaban en nuestras bocas.  Si tuviera que describir como fueron aquellos besos, diré que tus labios sabían dulces y en tu boca había un ligero sabor a canela y café. Se que te encantaba el café con leche y un toque de canela. Tus labios estaban húmedos y eran suaves y cariñosos. El sol ya calentaba, y la brisa arrastro algunas nubes blancas al cielo.  Tras mucho tiempo acabamos decidiendo tumbarnos a mirar las nubes, y jugábamos a ver que curiosas figuras nos imaginábamos en ellas. Pasamos otras cuantas horas allí embobados, riendo con las cosas que imaginaba el otro y sorprendiendo con nuestra imaginación. Lo de las nubes solo fue una excusa para estar allí juntos pasando el rato, hablado. A ratos, nos poníamos cariñosos y nos tirábamos un buen rato, besandonos y diciendonos cosas preciosas. Tu usabas mi brazo derecho como almohada, y estabas recostada de medio lado sobre mi. A ratos te hacia cosquillas, mirábamos el cielo, otras veces hacíamos comentarios sobre las cosas que nos gustaban y no nos gustaban. Pasamos toda la mañana juntos. Hubo momentos en que pensé que te habías dormido, y te acariciaba suavemente los pómulos para memorizar el tacto de tu cuerpo y te veía como las comisuras de tus labios mostraban una sonrisita que dejaban ver el blanco color de nube de tus dientes. "

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